¿Es el cloud el Marte que nos prometieron?

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¿Es el cloud el Marte que nos prometieron?

A septiembre de 2021, siete mil setecientos millones de personas (7.700.000) habitaban la tierra. Esta cifra no es ni mucho menos exacta, y por más que lo intentáramos, jamás podríamos averiguarla. Existen muchos países y comunidades totalmente alejadas del sistema, que no está registradas y que su objetivo es que todo continúe así. No obstante, la cifra es bastante aproximada.

Según estimaciones de Our World in Data, la población total de la Tierra llegaría a los 9.700 millones en el año 2050 y a los 10.900 millones en el 2100. Sí, parece que durante este siglo el crecimiento de la población mundial va a aminorar su velocidad de forma notable, aunque claramente, esto se trata de una sola estimación y es muy difícil poder hacer predicciones dentro del caos de un sistema complejo como este.

Población mundial por países en 2018. Cada cuadrado representa a 500.000 personas. Fuente: Our World in Data

No obstante, eso no significa que no vayamos a tener problemas de superficie, sobre todo en el sudeste asiático, donde se concentra un gran porcentaje de la población mundial desde las últimas décadas.

Aunque todavía no sufrimos graves problemas debidos a la sobrepoblación humana, desde hace algunos siglos países como Holanda han tenido la necesidad de aumentar la extensión de sus territorios. La forma más utilizada es la de ganar espacio al mar a través de la construcción de, por ejemplo, islas artificiales o diques.

Tomas Pueyo explica en su newsletter Uncharted Territories, que para muchos países la geografía es un problema que puede influir negativamente en el desarrollo de su población. China es un claro ejemplo de ello, albergando un alto porcentaje de su población en la zona este del país, lo que se conoce como la Llanura del Norte de China.

Y este no es el único caso. La mayoría de las zonas que se encuentran muy poco habitadas y con densidades de población ridículas lo están principalmente por razones geográficas. Las zonas frías del norte Rusia o Canadá se encuentran prácticamente deshabitadas. Lo mismo pasa con zonas realmente secas como el desierto del Sahara o Kazajistán. E ídem con los lugares montañosos como el oeste de Estados Unidos o el Himalaya. En resumen, zonas abandonadas básicamente por sus duras condiciones de vida a las que el cuerpo humano difícilmente se puede acostumbrar.

Densidad de población mundial. Fuente: World in Maps

En resumen, la humanidad se va a seguir expandiendo durante los próximos años, pero nadie quiere vivir en medio de la selva amazónica, por lo que parece que Europa, América, el África sub-sahariana y el sudeste asiático seguirán siendo los centros de mayor población a nivel mundial. ¿Cómo podemos hacer frente a esa oleada de nacimientos en zonas con altas densidades poblacionales?

Ciencia espacial

La idea de comenzar nuevas sociedades en otros planetas de nuestro universo no es nada nuevo. La ciencia ficción lleva fantaseando con ello décadas, con grandes autores a la cabeza como Frank Herbert o Isaac Asimov (es un género que todavía me queda por explorar y al que prometo dedicarle mucho más tiempo este año).

Pero esto no solo se ha quedado en las novelas de ficción. La Guerra Fría fue como una discusión entre dos niños por ver quien colecciona más cromos. La carrera espacial fue una pugna entre EEUU y la extinta URSS por alcanzar objetivos en el espacio como la puesta en órbita del primer satélite o lanzamiento del primer humano al espacio. Aunque los soviéticos comenzaron con ventaja, finalmente los estadounidenses consiguieron equilibrar la balanza con la llegada del ser humano a la Luna. El siguiente objetivo estaba claro: Marte.

Propaganda espacial de la Unión Soviética

Tras la Guerra Fría la exploración espacial dejó de tener sentido para los gobiernos de ambas potencias. Hoy, gracias a la iniciativa privada de empresas como SpaceX de Elon Musk o Blue Origin de Jeff Bezos, parece que el sueño de llegar a nuestro planeta vecino vuelve a nuestras cabezas. Pero, ¿es necesario colonizar otros planetas para asegurar la preservación de la especie?

¿Y si no hiciera falta expandirse por el universo?

Si una misma superficie tenemos que dividirla entre más ciudadanos, el resultado teóricamente es sencillo: tocamos a menos m2 per cápita que antes. Los edificios altos son una buena opción, pero estos no pueden crecer de forma ilimitada, además de que otros factores como el tráfico se verían altamente afectados.

Si colonizamos otros planetas, contaremos con más superficie y por lo tanto, los m2 per cápita aumentarían. Sin embargo, este proceso de expansión a través del espacio está todavía algo lejos de hacerse realidad.

Entonces, si no podemos habitar zonas geográficamente complicadas como el Himalaya, ni podemos colonizar otros planetas, ¿qué nos queda? Bueno, siempre podemos prescindir de edificios innecesarios que podrían ser sustituidos por nuevas viviendas. ¿Puede Internet y las tecnologías cloud poner solución a este problema? Pongamos algunos ejemplos:

  • Si las administraciones públicas únicamente permitiesen realizar sus trámites a través de los portales virtuales, podríamos prescindir de multitud de edificios administrativos como los ayuntamientos o las oficinas de Hacienda.
  • Si los médicos pudiesen realizar sus diagnósticos a través de RV con el paciente desde su casa, no serían necesarios tantos hospitales y centros de atención primaria.
  • Si los jóvenes estudiasen desde casa utilizando herramientas de videoconferencia o RA, se podrían sustituir escuelas, institutos y universidades.
  • Si todas las compras las hiciéramos a través de canales digitales, no serían necesarios los establecimientos a pie de calle o los centros comerciales.
  • Si el teletrabajo estuviese completamente implantado en la sociedad, edificios de oficinas podrían transformarse en enormes bloques residenciales.
  • Y un largo etcétera en el que podríamos incluir los NFTs, el metaverso o los smart contracts.

Sin embargo, no olvidemos que Internet no es etéreo, sino que se encuentra almacenado en grandes centros de datos, los cuales consumen espacio físico, además de grandes cantidades de energía. Aunque cada año que pasa la tecnología permite almacenar más información utilizando unidades de almacenamiento más pequeñas, un Internet que venga a sustituir gran parte de las actividades cotidianas necesitará de una gran cantidad de recursos que deberán ser cubiertos.

¿Es este el mundo en el que queremos vivir?

Los datos son claros: la población mundial no va a parar de crecer durante todo este siglo. Además, las zonas menos pobladas del planeta son muy poco atractivas, lo que dificulta la distribución de la densidad de población. La idea de trasladar muchas de nuestras actividades cotidianas a Internet puede ser una buena idea para maximizar la construcción de viviendas y permitir la sostenibilidad de la población.

Estamos acostumbrados a oír la famosa frase “cualquier tiempo pasado fue mejor“, aunque no podemos negar que la tecnología ha mejorado nuestras vidas con un mayor o menos impacto. Todos los aspectos de nuestra vida se van a terminar digitalizando, es decir, dejarán de formar parte de nuestra realidad y se trasladarán al ciberespacio.

Sin embargo, ¿qué problemas podría acarrear todo esto? Se me ocurren problemas resultado de llevar una vida sedentaria. ¿Para qué salir a jugar con los amigos a la calle si ya intercambian NFTs virtualmente? ¿Para qué emplear 30 minutos en ir a la consulta médica si pueden atender de forma telemática? Sí, la tecnología nos ha hecho más vagos, cada vez necesitamos movernos menos para lograr lo que nos proponemos y el deporte ha dejado de ser una necesidad para convertirse en un hobby.