Pareto ya sabía como funcionaría Tinder en el S.XIX

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Pareto ya sabía como funcionaría Tinder en el S.XIX

Si eres joven, con casi total seguridad te habrás descargado Tinder alguna vez durante estos últimos años, ya sea para conocer gente nueva, matar el aburrimiento en una cuarentena o “por un reto con una amiga”. El cortejo, algo que muchos consideran un arte milenario -como si se tratase de una herencia que se sucede de padres a hijos- ha avanzado hasta límites insospechados. Ya no necesitas tener a la otra persona cerca para convencerla de tus increíbles dotes, ahora solo necesitas una foto. Y ojo, porque hay mucho marketing detrás de la foto que elegimos en Tinder, pero bueno, seguro que hay mucha gente que esto lo explica mejor que yo.

Pero no he venido aquí a daros la chapa para que os descarguéis Tinder. Yo prefiero conocer gente de una forma algo más tradicional, pero oye, para gustos los colores. El artículo de hoy, totalmente improvisado, tratará sobre el Principio de Pareto, un modelo mental bastante interesante y similar a la Ley de Benford que ya tratamos en otro artículo.

Principio de Pareto

También conocido como la regla del 80-20, el Principio de Pareto es un fenómeno estadístico que establece que el 80% de las consecuencias proviene del 20% de las causas. Aunque parece que su uso está relacionado principalmente con la economía, la verdad es que el Principio de Pareto se puede utilizar en multitud de problemas de otras áreas como la ingeniería o la sociología. Sin ir más lejos, volvemos al caso de Tinder que nos hemos descargado “por un reto”. Aproximadamente, dedicaras un 80% de tu tiempo a un 20% de los matches que recibas en la aplicación.

Como su nombre indica, fue Vilfredo Pareto, un economista e ingeniero francés, el que lo enunció por primera vez. Para comprobar que él tenía razón, Vilfredo estudió la propiedad de los campos de cultivo de toda Italia. Al finalizar sus estudios, se dio cuenta de que el 80% de las tierras estaban repartidas solamente entre un 20% de los propietarios. Esto quiere decir que solo un 20% de las propiedades estaban repartidas entre la mayoría de la población, un 80%.

Al igual que cualquier otro modelo mental que ya hemos analizado, no hay ni que decir que estas cifras no son exactas. Por esa misma razón, el Principio de Pareto hay que utilizarlo con recelo, para llegar a rápidas conclusiones en nuestra cabeza, pero no para ponerlo en práctica en un proyecto de alto riesgo.

Aplicaciones del principio

A diferencia de como hice con la Ley de Benford, esta vez no voy a abrir un Jupyter Notebook para probar por mí mismo en qué casos se cumple esta regla y cuales no. Quiero que este artículo sea mucho más breve y sencillo de leer, ya que me gustaría hacer muchos más sobre diferentes modelos mentales.

Dicho esto, podemos comenzar con las aplicaciones del Principio de Pareto:

Si os dedicáis al desarrollo del software, posiblemente sabréis la cantidad de código superfluo que se termina escribiendo para añadir pequeñas funcionalidades. Muchas veces esto pasa cuando queremos abstraer funcionalidades del mundo real en nuestro programa, que claramente, funcionan en paradigmas totalmente diferentes. Por suerte, nuevos lenguajes de programación y frameworks nos ayudan en esta ardua tarea. No obstante, sólo el 20% del código produce el 80% de las funcionalidad. Son esas pequeñas y retorcidas features las que más tiempo y recursos nos llevan.

Si hablamos de economía, podemos pasarnos horas y horas hablando de posibles aplicaciones reales de este principio. No obstante, creo que la más conocida de todas, y que todos los que inician un emprendimiento deberían conocer, es que sólo el 20% de tus clientes te dará el 80% de tus ingresos. La conclusión aquí es bastante sencilla: tienes que dedicar mucho tiempo y recursos a esa pequeña cantidad de clientes porque es la que más ingresos te da (e imagínate que podría pasar si los pierdes).

Por último, en gestión del conocimiento también tenemos aplicaciones interesantes. Si te digo que el 80% de todos tus outputs solo provienen del 20% de tus inputs, con casi total seguridad me darás la razón. Por cada libro bueno que lees, por cada artículo interesante que te encuentras, por cada tweet que te aporta valor, hay muchos que no lo hacen. ¿Pérdida de tiempo? Depende. Cuanto más se lea y más se busque, más fácil será separar el grano de la paja.